Un maalem no trabaja a partir de un dibujo. Fija un compás, traza una estrella de ocho puntas, y todo lo demás del panel se deriva de esa única construcción, que es la razón por la que dos artesanos que trabajan a trescientos kilómetros de distancia producen paneles que encajan entre sí.
El jatem
La estrella de ocho puntas se llama jatem —Jatem Suleimaní, el Sello de Salomón—. Su construcción es desarmantemente sencilla: coge un cuadrado, coge un segundo cuadrado idéntico, gíralo cuarenta y cinco grados y superponlos.
Esa es toda la regla.
Como la estrella se define por una construcción y no por un dibujo, es reproducible con exactitud, por cualquiera, para siempre. Por eso los dibujos no han derivado en ochocientos años.
Si resuelves esa superposición matemáticamente, la razón entre el radio interior y el exterior de la estrella da 0,765367, que es cos(22,5°). Todo jatem de Marruecos se sostiene en esa proporción, sepa o no decirte el número el hombre que lo está cortando.
Las estrellas no bastan
Aquí está la parte que pilla desprevenida a la gente. Un campo de estrellas de ocho puntas no tesela. Pon estrellas solas en un muro y obtienes un efecto de molinillo, y se ve mal de inmediato.
Lo que hace que el zellige sea zellige es la segunda pieza: el saft, una figura en forma de cruz que rellena los intersticios entre cuatro estrellas. Estrella y saft juntos cubren el plano sin huecos y sin solapes.
Contar simetrías
Ocho es la simetría común, pero no la única:
- De ocho: el jatem cotidiano. Dos cuadrados.
- De doce: tres cuadrados a treinta grados. Razón 0,816497.
- De dieciséis y de veinticuatro: reservadas para los paneles más grandiosos, donde los rosetones se vuelven lo bastante densos como para leerse como encaje.
Combina estrellas de ocho y de doce puntas en un mismo campo y obtienes una composición que ha aparecido, esencialmente inalterada, en la obra marroquí durante ocho siglos.
Por qué sobrevive
El arte islámico evita la imagen figurativa, y la explicación habitual se detiene ahí, como si la geometría fuera un premio de consolación. Es lo contrario. Los dibujos son una afirmación sobre la unidad desplegándose en variedad infinita: una construcción, una regla, elaboración sin fin, ningún borde donde deba detenerse.
Ponte delante de un buen panel en la madraza Bou Inania y podrás ver cómo una sola estrella se convierte en un muro.



